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Channel: MIL Y UNA HISTORIAS
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Las Quinielas

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El 12 de Abril de 1946 se crea el "Patronato de Apuestas Mutuas Deportivas Benéficas" y cinco meses más tarde, el 17 de septiembre se estrena la primera quiniela.
La que aparece en la imagen no pertenece a esa fecha pero no es menos histórica. La suscribía Francisco Franco y fué premiada con casi un millón de pesetas.

El Vivillo - De bandolero a picador de toros

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Joaquín Camargo Gómez, conocido como el Vivillo (1865), fue un conocido bandolero andaluz nacido en Estepa (Sevilla).
En los primeros años del siglo XX se vivieron los últimos grandes episodios del bandolerismo andaluz, con su centro en Estepa; las cuadrillas de el Vizcaya, el Pernales, el Vivillo y otros, fueron sangrientamente reprimidos en varias campañas de la guardia civil.
Joaquín Camargo Gómez, sobrevivió a la persecución huyendo a Argentina, aunque sería posteriormente extraditado a España en 1909. Tras ser absuelto en numerosas causas judiciales, en junio de1911 salió en libertad y acudió a Madrid, donde se convirtió en un personaje popular, actuó como picador en corridas de toros y publicó, ayudado por un periodista amigo, sus Memorias antes de suicidarse. En esta obra, se puede apreciar la transformación de la vieja leyenda romántica del bandolerismo en un producto de consumo para la moderna cultura de masas.
(Wikipedia)

¡En Dinamarca, no!

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Cos-Gayón
En los últimos años del reinado de Alfonso XII, desempeñaba la cartera de Hacienda, el político conservador Fernando Cos-Gayón, quien, defendiendo en el Congreso las ventajas del sistema tributario perteneciente a las reformas que deseaba implantar, dijo, con énfasis, "el sistema tributario que defiendo ha sido admitido por toda Europa, está implantado en Inglaterra, Holanda, Bélgica, Italia, Dinamarca y Alemania...".
En ese instante, fue interrumpido por un escritor y periodista valenciano, llamado Jacobo Sales Reig, quien gritó, dejando confuso al Ministro "¡En Dinamarca, no!"
El titular de Hacienda contesto titubeante y confundido: — "Cierto, si señor, en Dinamarca no. se me había olvidado esa excepción".
Al terminar la sesión del Congreso, el Ministro Cos-Cayón se cruzó en un pasillo con Jacobo Sales y, al verle, se paró para decirle: — No sabía yo que este sistema tributario no estaba implantado en Dinamarca..."
"¡Ni yo tampoco, señor Ministro!" -respondió el periodista con una carcajada.

(María Francisca Olmedo de Cerdá - Anecdotario histórico español)

Juan de la Cosa

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Juan de la Cosa, nacido en Santoña entre 1450 y 1460 y muerto en Turbaco, Colombia, el 28 de febrero de 1510, fue un navegante y cartógrafo español conocido por haber participado en siete de los primeros viajes a América y por haber dibujado el mapa más antiguo conservado en el que aparece el continente americano.
La Cosa tuvo un papel destacado en el primer y el segundo viaje de Cristóbal Colón a las Antillas y en 1499 participó como piloto mayor en la expedición de Alonso de Ojeda a las costas del continente sudamericano. A su regreso a Andalucía dibujó su famoso mapamundi y poco después volvió a embarcarse hacia las Indias, esta vez con Rodrigo de Bastidas.
En los años siguientes alternó viajes a América bajo su propio mando con encargos especiales de la Corona, incluyendo una misión como espía en Lisboa y la participación en la Junta de pilotos de Burgos de 1508. En 1509 emprendió la que sería su última expedición, de nuevo junto a Ojeda, para tomar posesión de las costas de la actual Colombia. La Cosa murió en un enfrentamiento armado con indígenas antes de poder llegar a ejercer su cargo de alguacil mayor de Urabá.

(Historias de la Historia)

Las tardes del Ritz

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En su libro dedicado a este prestigioso hotel madrileño, Antonio Perla describe así las meriendas con baile que organizaba:
"Por cinco pesetas, se tenía derecho al baile y una consumición que consistía en café, chocolate o helado, o té completo, compuesto de sandwich, plumkake, tos­tadas, mantequilla, mermelada, pasteles, tarta y buñuelos de viento, todo ello sin lí­mite. También se podía asistir a la cena, aunque el precio subía bastante.
El día de moda del Ritz era el lunes por la noche y allí acudían las jovencitas y los jovencitos de la alta sociedad a hacer relaciones.
Luego, empezaron las grandes fiestas y celebraciones."
Estas fiestas inspiraron un delicioso cuplé de Alvaro Retana con música del Maestro Monreal. Si quereis escucharlo seguid este


que os guiará a mi página dedicada al cuplé y a la copla.

Paralaia - Moaña

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Paralaia (piedra de piedra) es un monte de Moaña donde según se comenta hay una cueva llena de tesoros con pasadizos subterráneos que desembocan en el mar.
Cuenta la leyenda que la noche de San Juan es la noche idónea para los que quieran obtener algo del botín ya que durante esa noche las «mouras» y mujeres encantadas que allí habitan salen de la cueva para lavar y peinar sus largos cabellos.

(ABC Galicia)

Casco antiguo de Fuenterrabía

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Situado en la parte alta de la localidad, recorrer su trazado medieval supone descubrir un conjunto urbano de singular belleza, compuesto de palacetes, fortificaciones y edificios tradicionales adornados de vivos colores.
Debido a su situación estratégica, el casco histórico de Hondarribia estuvo fortificado durante siglos. De aquella estructura defensiva se conservan la muralla, las dos puertas de entrada, el cubo de Santa María, el baluarte de la Reina, la fortificación de San Nicolás y el bastión de Santiago. El corazón de la zona antigua se encuentra en los alrededores de la Plaza de Armas. En dicha plaza se levanta el Castillo de Carlos V, convertido en Parador de Turismo, cuyo origen se remonta al año 980. Cerca está la Iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, del siglo XVI, que combina elementos góticos, renacentistas y barrocos.
Las calles aledañas son un bello muestrario de casas y edificios singulares en los que llaman la atención los aleros tallados, escudos y balcones de hierro forjado.

Ziryab - El Petronio musulmán

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Abu l-Hasan Ali ibn Nafi, conocido como Ziryab «Mirlo» debido a su tez oscura y hermosa voz, fue un poeta, gastrónomo, músico y cantante de posible origen kurdo, aunque según otras fuentes era un liberto de ascendencia negra (Irak, 789 - Córdoba, c. 857). Fue famoso por las refinadas costumbres orientales que introdujo en la corte cordobesa.
Fue discípulo del gran músico Ishaq al-Mawsili (767-850) durante su infancia en Bagdad. Presentado al Califa Harún al-Rashid, éste quedó muy impresionado por el joven músico. Sin embargo, los celos de su mentor le obligaron a abandonar la capital del Califato, poco después de la muerte de al-Amin en 813. Vagó por Sham (Siria) e Ifriquiya (el norte de África), viviendo por un tiempo en la corte aglabí de Kairuán, hasta que escribió al emir de Córdoba, Alhakén I para ofrecerle sus servicios, que éste aceptó inmediatamente.
A su llegada a Córdoba Alhakén había muerto. Sin embargo, Abderramán II, su sucesor, le ofreció un palacio, una renta mensual de doscientos dinares y otras prebendas, sin siquiera haberlo oído cantar. En la corte cordobesa, Ziryab se convirtió en un personaje muy conocido y fue considerado el árbitro de la elegancia de los dominadores árabes. Influyó en el vestido, la cocina o el mobiliario de los que le rodeaban e introdujo novedades tanto de uso social como musicales.
Sus innovaciones musicales tuvieron también una fuerte influencia. Según el arabista Emilio García Gómez, con Ziryab entraron en Hispania las melodías orientales de origen grecopersa que serían la base de buena parte de las músicas tradicionales posteriores de al menos una parte de la Península Ibérica. Añadió al laúd una quinta cuerda y sustituyó el plectro de madera (pieza que se agarra con la mano y que pulsa las cuerdas) por otro fabricado bien con uñas, pico o los cañones de las plumas de águila. También fundó el primer conservatorio del mundo islámico e introdujo los cantos árabes conocidos como nubas.
Con Ziryab, la alta sociedad cordobesa aprendió además las más exquisitas novedades de Oriente: peinarse con flequillo, recetas de la cocina bagdadí (una de las recetas se conserva hoy en día con su nombre: el ziriabí), el consumo de espárragos y el uso de copas de cristal, en lugar de las de oro y plata, así como manteles de cuero fino.

(Wikipedia)

Parque del Retiro - Madrid

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Los jardines tienen su origen entre los años 1630 y 1640, cuando el Conde-Duque de Olivares (Gaspar de Guzmán y Pimentel), valido de Felipe IV (1621–1665), le regaló al Rey unos terrenos que le habían sido cedidos por el duque de Fernán Núñez para el recreo de la Corte en torno al Monasterio de los Jerónimos de Madrid. Así, con la reforma del Cuarto Real que había junto al monasterio, se inició la construcción del Palacio del Buen Retiro. Contaba entonces con unas 145 hectáreas.
Aunque esta segunda residencia real iba a estar en lo que en aquellos tiempos eran las afueras de la villa de Madrid, no estaba excesivamente lejos del Real Alcázar y resultó ser un lugar muy agradable, por estar en una zona muy boscosa y fresca. Bajo la dirección de los arquitectos Giovanni Battista Crescenzi y Alonso Carbonell se construyeron diversos edificios, entre ellos el Teatro del Buen Retiro, que acogió representaciones de los dramaturgos españoles del Siglo de Oro, entre ellos Calderón de la Barca y Lope de Vega. Perduran aún el Casón del Buen Retiro, antiguo Salón de Baile con frescos de Lucas Jordán, y el llamado Salón de Reinos, un ala del Palacio del Buen Retiro decorado antaño con pinturas de Velázquez y Zurbarán, entre otros; y los jardines de la posesión real.
Éstos se formaron al mismo tiempo que el palacio, trabajando en ellos, entre otros, Cosme Lotti, escenógrafo del Gran Duque de Toscana, y edificándose una leonera para la exhibición de animales salvajes y una pajarera de aves exóticas. El Estanque grande, escenario de naumaquias y espectáculos acuáticos, el Estanque ochavado o de las campanillas y la Ría chica pertenecen a este período inicial.
A lo largo de la historia, el conjunto sufrió modificaciones, no siempre planificadas, que cambiaron la fisonomía del jardín, como el Parterre, diseñado durante el reinado de Felipe V (1700–1746), la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro en tiempos de Carlos III (1759–1788) o el Observatorio Astronómico, obra de Juan de Villanueva, reinando Carlos IV (1788–1808). El rey Carlos III fue el primero en permitir el acceso de los ciudadanos al recinto, siempre que cumpliesen con la condición de ir bien aseados y vestidos.
Durante la invasión francesa, en 1808, los jardines quedaron parcialmente destruidos al ser utilizados como fortificación por las tropas de Napoleón. El palacio fue casi totalmente destruido.
Tras la contienda, Fernando VII (1814–1833) inició su reconstrucción y abrió una parte del jardín al pueblo, como ya hiciera Carlos III. El monarca se reservó una zona, entre las calles de O'Donnell y Menéndez Pelayo, donde construyó una serie de edificios de recreo, siguiendo la moda paisajística de la época, que aún se conservan, como la Casita del Pescador, la Casa del Contrabandista y la Montaña artificial.
Reinando Isabel II (1833–1868) se abrió la calle de Granada, que más tarde se llamaría de Alfonso XII, vendiéndose al estado los terrenos comprendidos entre ésta y el Paseo del Prado que fueron urbanizados por particulares.
Tras la revolución de 1868, (la Gloriosa), los jardines pasan a ser propiedad municipal y sus puertas se abrieron a todos los ciudadanos, comenzando una época en la cual, la Ría grande y el Estanque de san Antonio de los Portugueses se transformaron en Paseo de Coches. Se colocaron las fuentes de los Galápagos y de la Alcachofa, erigiéndose también la fuente del Ángel Caído en lo que fueron terrenos de la Fábrica de Porcelanas, obra de Ricardo Bellver. En el Campo Grande se edificaron el Palacio de Cristal y el Palacio de Velázquez, obra de Ricardo Velázquez Bosco. En esta época, concretamente a finales del siglo XIX, transcurre la novela que Pío Baroja tituló Los Jardines del Buen Retiro, en la que se narra la vida de la capital en torno a este enclave.
Las últimas obras de ajardinamiento fueron las ejecutadas por el jardinero mayor Cecilio Rodríguez, que diseñó la rosaleda y los jardines que llevan su nombre.

(Wikipedia)

Esculturas de Porcuna

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Guerrero de Porcuna
Con el nombre de esculturas de Porcuna se conoce un conjunto de esculturas ibéricas que datan de la primera mitad del siglo V a. C. El grupo escultórico procede del yacimiento de Cerrillo Blanco (Porcuna, Jaén, España), excavado desde 1975. Reproducciones de los más importantes originales se exponen en el Museo Arqueológico de Jaén. Las esculturas fueron destruidas y sus fragmentos se enterraron poco después del 400 a. C., que constituye la fecha ante quem de su realización. De 1975 data el hallazgo de las esculturas del Cerrillo Blanco de Porcuna, cuyas excavaciones se prolongaron hasta 1979. La restauración y recomposición de los fragmentos que componen las esculturas fue emprendida por Juan González Navarrete y continuada por Iván Negueruela.

Oso de Porcuna
El estilo de las esculturas del Cerrillo Blanco de Porcuna está emparentado con el del final de la escultura griega arcaica y el comienzo del periodo clásico, particularmente relacionado con los artistas de Focea.

El yacimiento corresponde a la ciudad ibérica de Obulco, correspondiente al pueblo Túrdulo y situada en el eje principal de comunicación de los íberos, la Vía Heraclea.

El estilo de este conjunto escultórico es de gran homogeneidad, lo que se debe, probablemente, al trabajo de un solo taller aunque con varios artífices. La mayor parte de las estatuas son representaciones de guerreros, a veces hombres batiéndose o cazando, o de figuras investidas de autoridad ceremonial o religiosa. En ocasiones las figuras humanas están luchando con fieras o animales mitológicos, como sucede en la escultura de la Grifomaquiaen la que un hombre pelea contra un grifo. Por último, hay otras que reproducen animales o criaturas mitológicas individualizadas: así ocurre con el león, el toro, el águila o una esfinge.

Los grupos estatuarios están labrados en un sólo bloque de piedra en bulto redondo, lo que supone una evolucionada concepción de la composición escultórica, en analogía con el sistema de representación de los frontones de edificios y mausoleos de la escultura griega, como en los templos de Zeus en Olimpia, o el de Afea en Egina. Buen ejemplo de ello es el grupo formado por un guerrero a caballo que hiere con su lanza a otro guerrero caído. Por todo lo cual se ha pensado que el trabajo fuera dirigido por un escultor griego, lo que explicaría el correcto modelado de la anatomía, la serenidad del rostro (visible en el Guerrero de la doble armadura, cuyo casco refleja modelos helénicos), la suavidad de las aristas y el dinamismo en la representación del movimiento.

(Wikipedia)

Los tres vuelcos del cocido

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Ya he dedicado una entrada de este Blog al cocido madrileño(ENLACE) pero voy a ampliar lo que son los vuelcos del mismo según los entendidos en la materia.
A cada uno de los ingredientes cocidos se les denomina vuelco, debido en parte al acto de volcar la olla para servir en una fuente o plato los ingredientes que en su interior se encuentran.
El primer vuelco es siempre el más líquido, o sea el que más sencillo fluye entre la trabazón de los ingredientes. Es por esta razón por que los caldos del cocido se denominan como primeros vuelcos. Los vuelcos pueden ser presentados en la mesa de uno en uno o todos a la vez, dependerá de la costumbre de cada casa o del espacio disponible en la mesa. Los vuelcos, en resumen se componen de:
Primer vuelco - El caldo o sopa.
Segundo vuelco - Los garbanzos ('gabrieles') y la verdura sofrita acompañada del condimento de tomate.
Tercer vuelco - Las viandas de carne acompañadas de la pelota
(Wikipedia)

El milagro de Bouzas

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Mientras la travesía de los restos del Apóstol Santiago tocaba a su fin y sus discípulos desembarcaban en Galicia, se celebraba en Bouzas la boda de dos jóvenes. Uno de los juegos de la celebración consistía en que unos hombres a caballo arrojaban sus lanzas al aire y galopando intentaban recogerlas antes de que éstas cayesen al suelo. La mala fortuna del recién casado hizo que su montura desobedeciese, adentrándose en el mar, tras la barca del Apóstol. Pero el novio y su caballo salieron del agua a la superficie recubiertos de conchas de vieira.
Por ello, desde entonces, todo peregrino camino de Santiago, lleva en su sombrero una concha de vieira.

(ABC Galicia)

El Puente de Segovia - Madrid

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El puente de Segovia se terminó en 1580 bajo la dirección del famoso arquitecto Juan de Herrera. Costó 200.000 ducados. El Puente de Toledo se arruinó en 1680, y fué reedificado en 1721, siendo corregidor el Marqués de Vadillo. Los arquitectos que intervinieron en su construcción fueron D. Pedro Rivera D. Teodoro Ardemans y M. Berbon. El primer vehículo que atravesó el puente fué el coche del marqués el 4 de Octubre del citado año 1721.

Se conservan en el Archivo municipal referencias de estos puentes desde el siglo XV.
Dice León Pinelo que el año 1601 desapareció del palacio imperial de Alemania el archiduque Maximiliano, hermano del emperador Rodolfo, lo cual puso en consternación a toda la corte de aquel país, hasta que el conde de Taquenburg. embajador del Imperio en Madrid, recibió aviso de que un peregrino le esperaba en el Puente de Segovia. Acudió el embajador al punto indicado, y sorprendióse agradablemente al reconocer en el peregrino al Archiduque, que venía de visitar el cuerpo de Santiago, en Galicia. El suceso fué muy comentado en esta villa.

Los relojes del General Espartero

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El General Espartero era un apasionado coleccionista de relojes y, tanto en su casa de Madrid, como en la de Logroño, tenía centenares de relojes raros y valiosos. Sus amigos le ayudaban a cultivar esa afición y, el día de su santo, le regalaban los mas variados relojes.
El General Espartero, duque de la Victoria, no sólo coleccionaba relojes de bolsillo, sino también de pared y, a todos, los mantenía en funcionamiento, por lo que al dar las doce, el sonido de las campanadas era ensordecedor.
Al parecer, también le gustaba coleccionar cajas de música.

La Emperatriz y la Favorita

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En 1869, la española Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, esposa de Napoleón III, viajó a Egipto para inaugurar el Canal de Suez y el Sultán Abdul Azíz la recibió como correspondía, invitándola, incluso, a visitar su Harén y, la entonces favorita del Sultán, al ver como este colmaba de atenciones a la forastera, se acercó a ella y le propinó una sonora bofetada.
La Emperatriz quitó importancia a lo sucedido y no lo transformó en un conflicto diplomático, comprendiendo los celos de la favorita.

(María Francisca Olmedo de Cerdá - Anecdotario histórico español)

Las fuentes de Agua Gorda

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Decía Baroja que los madrileños siempre habían sido buenos catadores y bebedores de agua. Todavía a fines del XIX, ya bien avanzada la era del Lozoya, los había que preferían agua de las fuentes que, en las barriadas, manaban la llamada «agua gorda». Eran fuentes naturales que afloraban en el casco urbano (hasta 17 anota el cronista de Felipe IV, González Dávila, en 1682). Había algunas importantes e históricas, como la Castellana, Leganitos, la Priora, Caños Viejos. Caños del Peral.
Después hubo otras fuentes de agua, más o menos «gorda», alimentadas por «viajes de agua», captaciones de manantiales por minas ahondadas en términos de Fuencarral y a varios kilómetros de Chamartín de la Rosa. Los «viajes» entraban en la Villa por el Norte y llegaban al «techo de Madrid» (Cuatro Caminos) para bifurcarse en dos canales a la altura de la Glorieta de la Iglesia. Uno iba por la calle Fuencarral hacia la Puerta del Sol y otro hacia San Bernardo y la zona occidental del casco histórico.
Estas aguas alimentaban las fuentes inmortalizadas por Galdós: los Delfines, Pontejos, Cabestreros, las Descalzas, el Rastro, la Fuentecilla, hasta 77, de las que abastecían a Madrid más de 900 aguadores de cuba y pelliza, que llevaban agua a domicilio a precios convencionales.

 

Juan Caballero "el Lero"

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Nació el 23 de agosto de 1804 en Estepa. Se comenta que el apodo de “Lero” le viene de la infancia. Siendo un bebé su padre le preguntaba con frecuencia ¿cómo te llamas?, y añadía posteriormente: ¡caballero!. La repetición de esta palabra debió motivar que cuando el pequeño empezó a balbucear sus primeros vocablos, si alguien le preguntaba ¿cómo te llamas?,él repetía, con esa peculiar y característica “lengua de trapo”: ¡lero!.
Como la de todos los jóvenes de la época, su adolescencia transcurrió dedicado a las labores del campo. Se casó con una joven llamada María Fernández el verano de 1827. En ese momento no debía imaginar que tan sólo un año más tarde se pondría al frente de una partida de bandoleros. Por cierto... jamás se supo cual fue el verdadero motivo que le impulsó a echarse al monte.
El caso es que, a pesar de ser un bandolero temido y respetado, sus fechorías habitualmente hacían honor a su apellido. Como ejemplo les expondré un par de las innumerables anécdotas en las que estuvo involucrado:
Durante una persecución a la que se vio sometido por parte de un pelotón de soldados, el cadete que estaba al mando montaba un caballo tan magnífico como el del bandolero. Al tiempo de comenzar la carrera sólo el perseguido y el Mando militar se encontraban en ella. Al cruzar un río “el Lero”, conocedor de la zona, supo dar el impulso necesario al corcel que montaba para rebasar el obstáculo. No ocurrió así con el cadete, cuya montura cayó arrastrándole al suelo y golpeándose en la cabeza. Juan Caballero, lejos de desentenderse y huir de su perseguidor, se aproximó y recogió al soldado que estaba inconsciente y malherido. Lo trasladó a una venta cercana para que fuera atendido. Cuando el soldado recobró el conocimiento el bandolero, sonriente, le dijo: - “No lo maté a osté, señor cadete, porque es osté un valiente. Aquí estará bien atendío”. Acto seguido se marchó del lugar.
También se comenta que durante una cena, que estaba celebrando toda la partida en una venta, irrumpió un anciano haraposo. Uno de los bandoleros, animado por el buen vino, reprochó al abuelo la perturbación de la comida. El hombre dijo que sólo quería un poco de aceite para el candil, para poder alumbrar el cadáver de su hija que acababa de morir. “El Lero” ordenó al ventero que le diera al viejo todo lo que necesitara. Después añadió: - “Tú, buen viejo, ve pa tu casa. Después iremo nosotro a darte compañía”. El bandolero hizo honor a su palabra y después de cenar él y toda su cuadrilla acudieron a casa del anciano para acompañarle en el velatorio.
Las correrías y atracos de la partida de “el Lero” fueron incesantes. Y a éstas se unieron las de otras partidas de bandoleros que asolaban la zona sur de Andalucía. Hubo un momento en el que la presión de los bandoleros en la política local de aquella zona fue tan importante que comenzó a preocupar seriamente a la monarquía, en ese momento representada por Fernando VII. El Rey comisionó al General Manso para parlamentar y pactar una solución viable con los capitanes de determinadas partidas de bandoleros. La primera llamada a negociar fue la de “el Lero”. Al líder se le planteó el perdón individual a cambio de entregar al resto de su grupo. El bandolero no titubeó un solo momento en su respuesta: - “Zeré un bandolero, pero no un traídó”, aclarando que si querían negociar el perdón éste debía ampliarse al resto de su partida.
Tras comunicar las condiciones del bandolero al Monarca éste indicó el General un nuevo ofrecimiento. Juan Caballero y todos sus hombres serían indultados si facilitaban la captura de otras dos partidas, concretamente la de José María “el Tempranillo” y la de José Luis Germán “el Venitas”. La respuesta de “el Lero” fue clara y contundente: - “¡o tos o nenguno!”. Seguramente el Monarca y el General debían desconocer que Juan Caballero era el padrino de uno de los hijos del “Tempranillo”.
Manso regresó a Madrid y transmitió la respuesta al Rey. El mes de agosto de 1832 Fernando VII no sólo firmaba una Real Orden por la que se concedía el indulto a las tres cuadrillas de bandoleros citadas si no que, a cambio del compromiso de vivir pacíficamente, todos los indultados podrían conservar legalmente los bienes obtenidos en sus fechorías. Fue una gran victoria para Juan Caballero, que en ese momento contaba con 29 años.
A pesar de haber apaciguado la actividad delictiva en las tierras andaluzas, la concesión del Monarca motivaría que la prensa de la época, con vehemente sensacionalismo, criticase la decisión publicando que el Rey “se había doblegado” ante un bandolero.
En cualquier caso lo cierto es que hubo una auténtica reinserción social, hasta el punto de que Juan Caballero PENDIENTE COMPROBACION fuera nombrado Comandante del Escuadrón Franco de Policía y Seguridad de Andalucía, organismo destinado a finalizar con el bandolerismo andaluz. En esta misma Unidad figuró también "el Tempranillo", quien halló la muerte en el desempeño de esta actividad.
Con el perdón a sus espaldas regresó nuestro personaje a su Estepa natal. Lo primero que hizo fue celebrar, de una vez por todas, la velación de su matrimonio.
Integrado como un vecino más Juan Caballero participó activamente y como devoto en la procesión de la Virgen de los Remedios, “la Virgen de los Bandoleros”, como la denominaban los salteadores. Como ya se ha apuntado en el relato anterior la devoción procesada por los bandidos a esta imagen era importante. En los desfiles procesionales podemos observar al lado de la sortija donada por “el Vivillo” la ofrecida por Juan Caballero.
Como sí ocurriera en la persona de otros bandoleros ya conocidos, en “el Lero” no hubo “impulsos nostálgicos” de regresar a sus antiguas fechorías. Desde el primer momento del indulto su vida transcurrió plácida en su Estepa natal.
El día 01 de abril de 1875, con casi 81 años de edad, un flemón difuso consiguió lo que no hicieran las balas de los Migueletes ni las navajas de sus oponentes. Esta extraña enfermedad acabó con la vida de quien entre sus convecinos fuera considerado como un héroe.
De Juan Caballero, como de otros tantos bandoleros, aún perdura el recuerdo. Un personaje que en más de una ocasión afirmara, y demostrase, - “soy Caballero de apellido y caballero de condición”. En Estepa se conserva todavía su casa, en cuya puerta aún se pueden leer sus iniciales.
El libro autobiográfico escrito antes de su muerte titulado “Historia verdadera y real de la vida y hechos notables de Juan Caballero, escrita a la memoria por él mismo”, tuvo una edición crítica, prologada y anotada por el miembro de la Real Academia de la Historia José María de Mena. En 1987 se publicó en la revista “TÓTEM del cómix” un especial denominado “BANDOLERO”, que contaba de 57 páginas. En el mismo se narraba las aventuras de Juan Caballero, basadas en el libro autobiográfico del mismo.

(Serafín)

En 1957 llega el 600

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Se puso a la venta el 27 de junio de 1957 un nuevo modelo de la casa SEAT, llamado a convertirse en protagonista de la época, enarbolando la bandera de la clase media española.
El vehículo costaba unas 65.000 pesetas y pesaba alrededor de 600 kilos.

Hidalgos de bragueta

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Una expresión que se utiliza frecuentemente y que es motivo de sonrisas es la de “hidalgo de bragueta”. Esta denominación se aplicaba a aquellos que por tener seis hijos varones vivos estaban exentos de todas las cargas y oficios concejiles, cobranzas, huéspedes, soldados y otros, tal y como se establece en la Novísima Recopilación de Las Leyes de España, en el Libro X, Título II, Ley VII, dada por Felipe IV, en Madrid el 12 de Febrero de 1623, y que trata de los privilegios y exenciones de los que casen antes de tener la edad de diez y ocho años y de los que tengan seis hijos varones. Estos hijos tienen que ser consecutivos por lo que es de suponer la desilusión que sufrirían los matrimonios que, después de traer al mundo cinco varones, concibiesen una hija.
Desde luego se trataba de algo similar a la protección que hoy se pueda dar a las familias numerosas, pero en modo alguno un privilegio de hidalguía.

La higiene en Madrid

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Desde finales del siglo XVIII comienza a imponerse la idea de que una mala higiene permite una mayor proliferación de las enfermedades. Hasta ese momento, la higiene, había formado parte junto con la medicina legal, de la llamada medicina pública.
En el siglo XIX se refunda como ciencia profiláctica y disciplina médica independiente para combatir enfermedades tan urbanas como la fiebre amarilla o el cólera- morbo. Es el momento en que las autoridades toman conciencia de los problemas que acarrea la falta de higiene y apuestan por la prevención.
Las grandes ciudades como Madrid empiezan a invertir en alcantarillados llegando el agua corriente a barrios e incluso casas vecinales. El ensanche urbanístico de Castro favorece, en este contexto, el levantamiento de calles, acometidas de aguas y la planificación cuidadosa de los flujos subterráneos de aguas limpias y sucias.
Cecilia Casas, autora de este interesante artículo, nos cuenta cómo era la higiene en el cambio de siglo, el proceso de transformación que pasó de la tradición a la modernidad, cuáles eran los hábitos a la hora de bañarse, los cosméticos y los objetos del tocador
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